«El reto es hacer un liderazgo colaborativo y de servicio, no de poder»


La subsecretaria general del Sínodo de los Obispos, la religiosa javeriana Nathalie Becquart, participó en la cuarta edición del foro Tribuna Joan Carrera, organizado por varias entidades catalanas de la Iglesia y de inspiración cristiana. Nathalie Becquart, una de las mujeres nombradas por el papa Francisco para cargos de responsabilidad en el Vaticano, habló en Barcelona bajo el título El liderazgo de las mujeres en la Iglesia y en el mundo.

Usted habla de la antropología de la alteridad. ¿Cómo mejora cualquier sociedad humana, también la Iglesia, cuando hombres y mujeres colaboran en igualdad y con reciprocidad?

Recientemente, el papa Francisco ha dicho que necesitamos más liderazgos femeninos porque, en este mundo con muchas crisis, cuando las mujeres trabajan con los hombres en este espíritu de colaboración en igualdad y con reciprocidad, tomamos decisiones mejores para un trabajo más fecundo. A la vez es cierto que, para conseguir un mundo mejor y una sociedad al servicio de todos, para cuidar de esta casa común y esta vida juntos, necesitamos a las mujeres, porque formamos parte de la sociedad. Ahora que somos más conscientes de la dignidad igual entre hombres y mujeres, debemos esforzarnos en esta colaboración. Además, como podemos ver habitualmente, las mujeres tienen una sensibilidad más importante en las relaciones y un espíritu de más colaboración. Por lo tanto, el reto verdaderamente es el de hacer un liderazgo colaborativo, hacer un liderazgo de servicio, no de poder.

Las mujeres, desde diferentes países y realidades, llaman a una mayor igualdad. De hecho, la Catholic Women’s Council ya le entregó el 4 de octubre en Roma su propuesta sinodal. ¿Usted se considera aliada de estos movimientos en la Iglesia? ¿Cómo puede ayudar a canalizar sus demandas?

En el proceso sinodal, en el comienzo, durante las consultas sinodales en las diócesis y también en los movimientos y en las comunidades, hemos intentado escuchar a todo el mundo. A su vez, esta entidad, Catholic Women’s Council, realizó un informe que llegó a la Secretaría General, como ocurre con todas las voces de la consulta sinodal. 

Las mujeres en el Vaticano están asumiendo más responsabilidades dentro de una dinámica en la que la Iglesia quiere superar el clericalismo. ¿Esto se plasma también en las Iglesias locales?

Lo más importante es que esto es verdaderamente la llamada no solo a tener mujeres con responsabilidades en el Vaticano, sino también en las Iglesias locales. Este camino se recorre poco a poco. Puedo decir, por ejemplo, que ahora hay más de cinco o seis países que tienen a una mujer como secretaria general de la Conferencia episcopal. Es un ejemplo. Igualmente las Iglesias locales tenemos a más mujeres presidentas de una Universidad católica, de Cáritas o de escuelas católicas. Además, hay países con mujeres que son cancilleres de una diócesis o directoras de un servicio diocesano o de una oficina de una Conferencia episcopal. Lo importante es encontrar cómo trabajar juntos y tener más equipos pastorales con hombres y mujeres, con sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos y laicas, pero en todos los niveles de la Iglesia. Porque no basta con lo que hay ahora. Ahora en el Vaticano, tenemos un 23% del personal del Vaticano que son mujeres. Sin embargo, las mujeres están ya muy comprometidas en muchas iglesias locales, en las parroquias, en la catequesis y en otros ámbitos. Lo importante es también que haya mujeres en los consejos parroquiales y, en definitiva, en todos los niveles.

¿El papa Francisco ha experimentado una transformación a lo largo de estos años de pontificado en su relación y visión de las mujeres?

Es verdad que el papa Francisco ha dado pasos, especialmente en el nombramiento de mujeres para responsabilidades en el Vaticano, año tras año. Hay más mujeres. Por ejemplo, tenemos ahora también a una mujer religiosa como directora del Gobierno de la Ciudad del Vaticano. Por primera vez, además, el papa Francisco ha nombrado a tres mujeres miembros del Dicasterio para los Obispos, para participar en el discernimiento para nombrar a obispos. Existen muchos ejemplos que muestran que algo se mueve en el Vaticano. Del mismo modo, es una decisión muy importante del papa Francisco el que haya abierto a las mujeres algunos ministerios, como el del lectorado, el acolitado y el de catequista. Por tanto, son aspectos nuevos. Todos son signos diferentes, como por ejemplo que el papa Francisco se reuniera con mujeres, a finales del mes de enero, en el Vaticano, con motivo de un encuentro organizado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso dedicado por primera vez a las mujeres en el diálogo interreligioso para construir una cultura del encuentro. Contó con la presencia de mujeres con responsabilidades procedentes de 12 religiones de todo el mundo. 

Un tercio de la población mundial de mujeres sufre violencia de diferente tipo. ¿La Iglesia hace lo suficiente en la sensibilización y formación contra este tipo de violencia? ¿Qué acciones se deberían hacer?

Es verdad que las mujeres son ciertamente las primeras víctimas de la violencia, en los contextos de guerra. Pero también es un problema muy fuerte en muchos países la violencia doméstica, dentro de la familia. La Iglesia, pues, tiene una palabra muy clara para luchar contra todo tipo de violencia, así como para superar las discriminaciones en las mujeres. Por ejemplo, existe una red muy importante, desarrollada con el apoyo del papa Francisco, llamada Talita Cum. Es una red para combatir y superar la trata de personas, de la cual muchas mujeres son víctimas. Además, es verdad que se hacen muchas acciones en muchos países, aunque la Iglesia es un mensaje de paz, y debemos aprender a sensibilizar y a hacer prevención ante cualquier tipo de violencia, y especialmente por supuesto la violencia contra las mujeres.

Dentro de las demandas históricas, ¿el diaconado es un camino que tiene recorrido?

No puedo decir mucho al respecto. Es cierto que ahora está en marcha el trabajo de una comisión sobre el diaconado femenino. Existe ya una reflexión desde hace unos cuantos años. Y al final de un discernimiento, la decisión es del Papa. No puedo decir mucho más, porque no sabemos cómo irá. Existe un debate, una reflexión, y un discernimiento en curso, eso sí…

¿Cuál es la principal misión del Sínodo de la Sinodalidad convocado por el papa Francisco 2021-2024? ¿Cómo conseguir que suponga una verdadera transformación de estructuras pero también de manera de hacer? ¿Existe el peligro de que el Sínodo no acabe de enraizar en las Iglesias locales, y quede como una experiencia de Curia y del Vaticano?

La finalidad de este proceso sinodal es la conversión sinodal de la Iglesia. La sinodalidad es una dimensión constitutiva de la Iglesia y era el estilo de la Iglesia primitiva. Después, en varias regiones, hemos desarrollado más la dimensión jerárquica, que también forma parte de la Iglesia. Hoy, sin embargo, el Sínodo permite seguir reencontrando la dimensión de la sinodalidad, para poner más en práctica la visión eclesial del Concilio Vaticano II, que quiere decir una Iglesia como pueblo de Dios, donde todos los bautizados hacen camino juntos con el estilo de la escucha, del diálogo, del discernimiento. Podríamos decir que es una manera de hacer y de ser Iglesia y de hacer juntos la misión. Tenemos que sacar adelante este Sínodo para ayudar a la Iglesia a hacer esta conversión sinodal, que no es fácil, porque no podemos aprender la sinodalidad de manera teórica, sino con la experiencia. En definitiva, este Sínodo realiza un recorrido y un proceso al servicio de un proceso de conversión y de reforma de la Iglesia.