«Con los niños he descubierto una manera de amar muy fuerte»


Laura Canals siempre ha tenido claro que quería hacer un voluntariado. Cuando terminó la carrera de Farmacia se involucró con la fundación Nuestros Pequeños Hermanos (NPH) para tener una experiencia en Honduras. Lo que debía ser una estancia de tres meses se convirtió en una vivencia intensa de un año y medio. Ahora, de regreso a Cataluña, Laura revive esta experiencia y la recomienda al cien por cien. Podéis leer la entrevista completa en nuestra web.

¿Sabías qué te encontrarías en Honduras?

Había estudiado Farmacia e iba a hacer algo que anticipaba que me gustaría, que yo había escogido. Obviamente, vas a un país diferente y sabes que te encontrarás cosas fuera de lo habitual, y que has de estar abierto y ser flexible. Pero sabía que me gustaría, porque estaría en una institución con niños, trabajando en farmacia y con otros voluntarios internacionales, tenía todos los factores para que me acabara enganchando. El lema de NPH Honduras es «Somos la familia más grande de Honduras». Y es totalmente verdad, porque ya desde el momento en el que llegas todo el mundo te incluye y te considera parte de la familia. En todas las actividades los niños te buscan con el deseo de que estés con ellos. Lo que más echo de menos, lo que a mí me daba la vida cuando estaba allí eran estos niños. Yo fui con la excusa de la farmacia y me encantaba, pero lo que te pueden dar estos niños, el amor, su vulnerabilidad, cómo te demuestran que te necesitan… este amor que tienen no se puede explicar con palabras, no tiene precio y es muy bonito.

¿Qué experiencias te han marcado más?

He creado relaciones muy fuertes con la gente que he conocido allí. Con los voluntarios nos teníamos mucha confianza, porque vivíamos lo mismo; con los niños he descubierto una manera de amar muy fuerte, no me podía imaginar que se podía querer tanto a unas personas tan lejanas a ti y con las que tienes poco en común ya sea por cultura, por edad… Y con el resto de trabajadores de allí, me llevo amigos de por vida a quienes siempre que vuelva a Honduras me encantará visitarlos. He aprendido mucho a no ponerme a mí como primera opción, sino mirar primero por los demás y después ya irás tú. Sobre todo, he aprendido a compartir y a velar por las personas que nos rodean. También a cambiar las prioridades y relativizar. Y que lo mejor que puedes regalar es tiempo de calidad con las personas que quieres.

¿Es una experiencia que recomiendas a los jóvenes?

Sí. Cien por cien. Me atrevo a decir que ha sido el año más feliz de mi vida. Y, además, diría que lo hagan cuando terminen la carrera, que es un momento en el que se lo pueden plantear. Yo siempre llevaré a Honduras en el corazón y todo lo que he hecho este año y medio. Me ha marcado muchísimo como persona, he aprendido valores que aquí no se aprenden. He crecido como persona, me he conocido a mí misma en un ámbito donde estaba sola. Aprendes a espabilarte porque no tienes a nadie. Eres tú en todos los sentidos: tú en un país diferente, tú sin familia cerca, tú sin conocer a nadie, tú en un ámbito diferente, en una cultura diferente. Te descubres a ti misma también.

¿Y lo que has descubierto te gusta?

Sí, porque estoy orgullosa de lo que he hecho y de lo que he vivido. Es una experiencia que te hacer fuerte y ves que no todo el mundo es tan afortunado como nosotros. No hay que ir con prejuicios o con ideas fijas. Tienen una cultura diferente, trabajan diferente, y debes saber adaptarte, también. No vas allí a imponer tus ideas, sino que vas a escuchar y a ver cómo puedes ayudarles con el corazón bien abierto y con mucha ilusión.